En el imperio de la avaricia, lo bueno, bonito y barato es ponderado como lo ideal.
En el reino de la abundancia los excesos hierven hasta derramarse.
En el andén del conformismo y la complacencia, quizá nos podamos sentir bien con lo bueno, aunque sea feito y carito.
Y, en algunos casos, hasta lo que es regular -incluso en el borde de lo malo- puede servirnos para lograr lo que esperamos o necesitamos.
El eterno debate entro lo ideal y lo posible tiene múltiples matices según la actitud y la forma de ser de cada persona.
Creo que hay algo claro en la discusión: si en la búsqueda de lo óptimo nos negamos a reconocer los avances obtenidos, perderemos la capacidad de alegrarnos por lo que es posible conseguir.
Si podemos bajar al menos levemente la expectativa de lo que consideramos ideal, la exigencia será más liviana, y la felicidad más frecuente.
Entonces, una fórmula a considerar es buscar siempre lo mejor, pero sin enloquecerse con objetivos inalcanzables, mantener la capacidad de apreciar los logros y, también, valorar el recorrido, más allá de los obstáculos o tropiezos en el camino.
En esa búsqueda, unos minutos pueden ser una vida; un abrazo, la convivencia; unas palabras, El Quijote de la Mancha; unos últimos instantes, un recuerdo para siempre; un estribillo, la canción más maravillosa; unas gotitas de agua o de vino, la diferencia entre el vaso medio vacío y el corazón medio lleno.
Nos vemos en el prôximo instante. En un reencuentro. Con expectativas bajas, para superarlas nuevamente.
16 de noviembre de 2010
Expectativas y logros
5 de octubre de 2010
Cuestión de tiempo
El tiempo pasa y nos empecinamos en perderlo.
Cuando lo busquemos ya se habrá ido. Quizás nosotros también.
A veces queremos acelerarlo. Luego crecemos y deseamos que se vuelva más lento.
Las alegrías son fugaces. Las amarguras persistentes, los regresos mucho más rápidos que los caminos de ida.
Objetivamente el tiempo es siempre igual e inobjetable.
En lo subjetivo, el velocímetro se ajusta con los sentimientos y sensaciones: la felicidad acelera. De lo otro mejor no hablar ni escribir.
Los novelistas y poetas insisten en que el tiempo se detiene. Pero bueno, tienen licencia para soñar. El resto del mundo tiene que laburar y, veinte años más tarde, comprobar que el tango tenía razón sobre las dos décadas y la nada.
Mientras, muchos esperamos "algún día" para hacer algo que postergamos con frecuencia.
Lo archivamos para el futuro, que no existe nada más que en nuestra mente e ilusiones.
El pasado fue pisado y es reescrito por la memoria, caprichosa en recordar las situaciones como quiere. Hasta que ya no encuentra nada.
El presente es lo único que tenemos. Y a cada rato se va.
Entonces, hay que apurarse y tomar las decisiones importantes.
Fijar las prioridades.
Aplicar la eficiencia para hacer las cosas que no nos gustan o no nos convencen demasiado.
Y, así, dejarnos la libertad de “perder el tiempo” en lo que realmente nos hace felices, con quienes queremos compartir la vida, o tratando de encontrar eso que nos hace sentir bien.
29 de agosto de 2010
La gente y sus líos
Hay quienes siempre andan en líos.
Los arman.
Los buscan.
Los reciben.
Los heredan.
Los comparten.
Los esquivan.
Los enfrentan.
Los transfieren.
Los agrandan.
Los esconden.
Los niegan.
Los minimizan.
Los sufren.
Los analizan.
Los ignoran.
Los transforman.
Los disfrutan.
Y algunos pocos, los resuelven, los encausan o los reducen.
Empecemos a pensar qué haremos con el próximo, antes que se venga encima.
6 de agosto de 2010
Situaciones extremas
Aún sin haber pisado nunca un cuadrilátero, ni jamás haber estado cerca de uno, podemos saber lo que es estar contra las cuerdas.
No hace falta tener experiencia directa como zaguero para entender la importancia de tirar la pelota a córner en situaciones extremas.
Hollywood nos ha enseñado con cientos de películas lo que es estar touché en esgrima.
Comprendemos lo que significa que falte poco y que tenga la pelota el que nos puede clavar un triple que defina el partido, siendo responsables por la marca.
A veces podemos sentirnos así, caminando en una cuerda floja, a 20 metros de altura, sin red, con una pierna que empieza a picar y la otra a temblar por el peso de las circunstancias.
Frente a frente con un gran desafío.
De cara a la desagradable sensación de que nos pueden meter un golazo. Que podemos perder un partido, un clásico, el honor.
La humillación como una posibilidad inmediata, que requiere de una acción heroica, espectacular, sobrehumana e impostergable.
Es ahora o nunca. Y la cosa está fea.
En esos casos, hay quienes recurren a lo que algunos llaman el “fuero íntimo”, la energía sagrada, el orgullo que está guardado en algún lugar del cuerpo. Se la juegan toda con amor propio.
Algunos buscan ayuda metafísica en el creador, en la energía cósmica, en los duendes, lo que sea... el apoyo viene de afuera, no de adentro.
Otros actuarán con frialdad, como si fuera una situación normal y habitual. Que pase lo que tenga que pasar. Rápido. Después vemos.
Varios no tendrán problema, ya que pensarán a quién echarles la culpa por lo sucedido si les va mal. Ya el asunto no es personal, un escudo protector les saca el problema para que sea de otro.
El miedo puede paralizar a varios, que con cara de “me quiero ir con mi mamá” tendrán una necesidad urgente e imperiosa de que el desafío termine para ir corriendo, con ganas de llorar, a que los proteja la única persona que puede entenderlos y perdonarles todo.
¿Y vos, de qué lado estás? ¿Y Usted, cómo es en estos casos?
19 de mayo de 2010
Objetivos y energía
Por un lado, están los que planifican todo el tiempo.
Se fijan objetivos, piensan cómo harán cada cosa.
10 de abril de 2010
Ser y parecer
Nos puede tomar toda la vida darnos cuenta quienes somos o queremos ser.
En el proceso de despertar o acercarnos al ideal, a veces parecemos -deliberadamente, o por error u omisión- lo que somos parcialmente, o lo que otros esperan que seamos y en realidad no somos.
En este camino confuso pueden pasar situaciones muy curiosas.
Lo auténtico puede resultarle a otros solamente una apariencia.
O el personaje puede volverse tan fuerte que eclipsa la identidad del actor.
La identidad y la imagen se mezclan, entonces el fondo y la forma se vuelven difíciles de diferenciar.
Si pasa esto último debemos ver donde está el marco del cuadro. Apreciar el contexto para reforzar o recuperar la capacidad de darnos cuenta si estamos en la tela pintada o la estamos observando.
Con suerte, decisión y firmeza, podemos lograr el privilegio de la victoria del ser sobre el parecer, y aseguramos de tener el pincel en la mano y decidir qué color, forma y estilo tiene y tendrá nuestra propia vida.
24 de marzo de 2010
El imperio de lo urgente
Con más frecuencia de lo deseable o aconsejable, en el imperio de lo urgente perdemos el tiempo necesario para dedicarnos a lo importante.
En la lucha contra las vanidades, propias y ajenas, y en la búsqueda de la salida del laberinto de cuestiones coyunturales vacías, se diluye habitualmente la energía que deberíamos asignar a lograr nuestras verdaderas prioridades.
Muy seguido pasan los días en los que vamos a máxima velocidad, sin un agente de tránsito que nos detenga para multarnos por no bajar el ritmo.
Y, además, nos olvidamos que es mejor andar livianos. Entonces, cometemos el error de tender a llevar una carga mayor a que la que deberíamos.
Por eso, de vez en cuando es fundamental poner el freno.
Pisar la pelota.
Detener el juego.
Llámenle cómo quieran... el concepto es detenerse. Mirarse al espejo. Considerar si el reflejo que nos devuelve es el de la persona que quisimos ser. Que queremos ser.
Creo que a todos nos llega el momento de preguntarnos qué pasó con aquel idealista de décadas atrás. Con nuestros sueños. Con nuestros preceptos. Con nuestros proyectos.
¿En qué nos hemos convertido?, suele ser la pregunta.
Es el momento, entonces, de volver a la página en blanco.
Fijar las nuevas prioridades.
Para que lo importante termine de una vez por todas con el imperio de lo urgente.
8 de febrero de 2010
Extremos
Hay que decirle no al calentamiento global, para evitar calentarse por todo.
Pero hay que evitar el enfriamento total… porque solamente con calor hay vida y, claro, espíritu para salir adelante.
Debemos reciclarnos permanentemente, para no terminar en la basura.
Pero, a veces, antes que reciclar hay que reusar. Y, también, evitar usar lo que no es necesario.
Hay que recordar que todo gira como en la vuelta al mundo, mientras el mundo da vueltas y algunos quedan patas para arriba.
Algunas veces antes de actuar es mejor dar una vuelta para ver qué pasa. Otras veces, es preferible esperar mientras otros son los que se marean.
La moderación en general está bien, pero los que ganan o pierden son los que se juegan por algo, o por alguien.
A los grises que siempre se quedan en veremos, al final, no los ve ni recuerda casi nadie.
Entonces, si bien en términos generales la guía es evitar los extremos, en particular la recomendación es que, alguna vez, en el momento propicio, juguemos las fichas que nos quedan.
Es muy probable que allá, del otro lado, no las reciban.
20 de noviembre de 2009
Tiempos
Algunos andan apurados y quieren adelantar el futuro. Que el mañana sea hoy, llegar cuanto antes allí, aunque no sepan bien de que se trata.
En los niños se puede entender. Todavía no saben que el tiempo pasado se pierde y no se recupera jamás. En los adultos es una necedad, una imprudencia o, al menos, una impaciencia imperdonable.
Otros andan siempre en el pasado. Reviven la historia, las anécdotas, los laureles conseguidos. Piensan en lo que pudo ser y no fue, cómo habría afectado lo que hoy es y podría haber sido de otra forma. El penal mal pateado. La elección o prioridad equivocada. La palabra callada, o la que sobró.
En los niños no se da con frecuencia, salvo que se trate de promesas no honradas de los padres. En los adultos, en cambio, la nostalgia, el rencor y otros sentimientos agridulces se empecinan y confabulan para traer el ayer al hoy. Una y otra vez.
Los más sabios saben que el presente es la única realidad absoluta. No traiciona con promesas para el futuro ni recuerdos del pasado.
La única garantía de felicidad está en el momento actual. La energía existente probablemente no esté mañana, o quizas en minutos.
Todavía a la vida no le han encontrado el manual o el control remoto. Entonces, hay que olvidarse del "rewind" y del "fast forward".
La única opción es disfrutar el momento del "play", aprovechar totalmente el recorrido, sabiendo que si bien no podemos alterar los tiempos, indefectiblemente el "stop" llegará en algún momento en el que el futuro sea presente, y juntos desaparezcan para siempre.
17 de septiembre de 2009
El gris del medio
Hay algunos que están siempre en la jugada.
Otros acompañan. A veces se meten en la discusión o solamente siguen por ahí cerquita, por las dudas haga falta su participación.
Están los que siempre tienen algo que opinar.
Y los que reflexionan con calma sobre lo que otros dicen.
Algunos viven en la efervescencia del protagonismo.
Otros prefieren actuar a predicar, y privilegian un perfil bajo.
Mientras algunos están dispuestos a calzarse los guantes en cualquier momento y salirle al cruce al primero que pase por ahí, otros tratan de tomar distancia y dejar que la película avance un poco.
Los combativos afectos al estrellato piensan que para que algo se arregle tienen que meterse en el asunto.
Los idealistas moderados tienen algo de fe en el tiempo y las circunstancias, que van acomodando o diluyendo algunos líos.
Allí se ubican los que tienen la sabiduría de elegir las batallas apropiadas.
Pueden determinar con gran precisión cuándo son llamados a ocupar el centro de la escena, o cuándo deben esperar a que el río recupere, solito, su propio cauce.
27 de agosto de 2009
Más o menos
Los minimalistas dicen que menos es más.
Los perfeccionistas creen que todo está más o menos.
Algunos sostienen que más no significa mejor.
Otros están convencidos que tener menos alivia la carga y las responsabilidades.
Por el contrario, hay quienes se empecinan en tener cada día más, se obsesionan en acumular y lo que menos tienen en cuenta es pensar para qué lo hacen.
Hay algunos que lo que menos hacen es sumar.
Y otros que suman siempre, por forma de ser.
Los contradictorios o indecisos, a veces con hipocresía, quieren más cuando hay menos, y dicen que es preferible algo menos cuando creen que hay de más.
Los matemáticos y las calculadoras son más pragmáticos. Le buscan la vuelta para reemplazar más por menos y resolver la ecuación con facilidad.
A veces es difícil lidiar con los que no ven el vaso medio lleno y siempre quieren más. Son los pesimistas. Hay días que parecen ser muchos más.
Pero estamos bien. Los optimistas vamos, a paso lento pero seguro, de menos a más.
Y lo sabemos: más vale pensar y actuar en positivo.
4 de agosto de 2009
Dónde estamos
A veces sabemos exactamente dónde estamos parados, o al menos eso creemos.
En otras ocasiones, estamos en el mismo lugar que estuvimos tiempo atrás, hace décadas o años.
Y nos sentimos igual que cuando pasamos por aquí.
El contraste se da cuando volvemos al punto de partida y vemos cuánto hemos cambiado. El lugar es el mismo. Nosotros ya no lo somos.
A veces volvemos a algún lugar de nuestro pasado para buscar, específicamente, lo que dejamos atrás. Cuando llegamos, eso ya no está. Iguales, parecidos o diferentes, hurgamos en el espacio para tratar de encontrar en la realidad lo que solamente es un recuerdo o espejismo.
Ese es el momento preciso para empezar a considerar si realmente sabemos dónde estamos parados.
Nos preguntamos si es dónde queremos estar.
Nos cuestionamos si es dónde deberíamos estar.
Miramos a nuestro alrededor y buscamos las respuestas.
Si tenemos oportunidad, nos damos cuenta que quizá la única manera de encontrarlas sea indagar dentro nuestro.
Ojalá todos aprendamos a encontrar y entender nuestra esencia, el alma que hace que seamos quienes somos, o quienes creemos ser.
Si lo logramos, tendremos la oportunidad de preguntarle a nuestra alma si sabe dónde está.
Si está donde quiere estar. O donde debería estar.
E, incluso, si quiere estar en otro lado (y si hay tiempo para llegar allí).
Son muchas preguntas. Quizá suficientes... Por eso, ahora me despido, voy a tratar de encontrar algunas respuestas.
19 de julio de 2009
Pérdidas
Es curioso, a los sujetos nos incomoda bastante perder un objeto.
Sin embargo, las pérdidas más difíciles, complicadas o dolorosas no son de objetos…
Podemos perder el norte, la brújula, el rumbo.
Solemos perder la paciencia.
Tenemos que sufrir la pérdida de partidos, y finales, muy importantes.
En algún momento perderemos a un amigo, un familiar, o al amor de toda la vida.
Perdemos a nuestros padres, tarde o temprano.
Y nos damos cuenta que quizá hemos perdido el tiempo.
Los afortunados, en algún momento perdemos la cabeza por el sentimiento más poderoso del mundo.
Solemos perder la compostura.
Muchos perdemos la línea (como cuestión de peso, o estilo).
Nos preocupa perder nuestra gran oportunidad, porque si no la vemos se nos va el tren del destino.
Podemos perder la perspectiva, y con los errores las pérdidas se multiplican.
A veces perdemos el foco, la concentración.
Y la peor pérdida de todas: la vida.
Debo buscar un final distinto, para evitar el dramatismo. No quiero perder lectores.
Por eso digo que, aunque eso último estuvo fuerte, es una verdad ineluctable.
Siempre me gustó esa palabra. Ineluctable. Algo contra lo que no se puede luchar.
La aprendí en 1989. Estudiando en el escritorio de mi viejo, con mi mejor amigo.
Me alegro de no haber perdido el registro de ese momento.
Por eso no pierdo la esperanza.
Trado de cuidarla y mantenerla, en todo momento.
Creo que se me puede perder cualquier cosa, menos la esperanza.
Porque el día que se evapore la esperanza, ya estaremos totalmente perdidos.
3 de junio de 2009
Buscando
Muchos buscan algo concreto y no lo encuentran nunca.
Otros buscan algo muy general y ambicioso, solamente encuentran de a poco, lo que no los conforma..
Algunos pasan sus vidas encontrando mucho, pero no se dan cuenta.
Están los que creen que encontraron lo que buscaron, pero no están del todo seguros y por las dudas siguen buscando.
Hay gente que de tanto buscar ya no encuentra nada.
Y todos conocemos a alguien que con lo que encuentra se conforma, aunque lo haya buscado o no.
Mientras algunos le buscan siempre la quinta pata al gato, otros cada dos por tres se cansan de buscar. El contrapeso de estos son los que encuentran una búsqueda.
Podemos pensar que todo está mal cuando dejamos de buscar. O cuando ya no encontramos más.
No sé a cuál de las variantes mencionadas anteriormente te acercás más. O a cuáles de los matices que las unen y diferencian.
Si no sabés, es hora que empieces a buscarte y entenderte. Y ojalá te guste lo que encuentres, o te animes a cambiarlo.
17 de mayo de 2009
El filtro de las creencias
Hay quienes dicen ser escépticos o incrédulos, pero hasta ellos creen en algo, y es en la propia definición de sí mismos.
Ellos también caen en la trampa de las creencias.
Como si fuera un colador, nuestra mente tamiza la realidad con el filtro de las creencias.
Cualquier situación externa puede ser percibida de múltiples formas. Cada persona, según el filtro que utilice, podrá argumentar que esa situación es de la manera que más le conviene para reafirmar sus creencias.
Si el tiro pegó en el palo será por culpa de la impericia o la mala suerte, según si uno es racionalista hipercrítico o cabulero, de esos que cruza los dedos para que un penal sea gol, o hace un cuernito para alejar el peligro en el área propia.
Cada uno ve la vida como sus creencias se lo permiten. Ve lo que puede, entiende lo que quiere entender, aunque no se de cuenta de cómo todo lo que percibe lo hace de manera distorsionada.
Esta influencia de las creencias en la forma de ver el mundo y cada situación en particular es lo que hace sumamente difícil que dos personas que tienen creencias muy diferentes se pongan de acuerdo en la lectura de la realidad.
Lo mismo que está ahí afuera es blanco para unos, negro para otros y gris para terceros.
Dicho de otra forma: es muy difícil que varios se pongan de acuerdo en interpretar lo que pasa si vienen desde mundos y creencias diferentes.
A esta confusión sobre lo que “está afuera” se suman los enredos internos que todos tenemos con nosotros mismos.
A veces ni sabemos en qué creemos. O pensamos en algo y estamos totalmente equivocados.
Hagan un repaso de ustedes mismos, amigos y conocidos, y podrán comprobar que muchas veces pasa que…
… los que se creen vivos son en realidad unos giles.
… los que creen que se las saben a todas en realidad no tienen idea de nada.
… los que piensan que tienen la única verdad, no se dan cuenta que las verdades son varias y depende del filtro con que se mire la vida para determinar cuál es “su verdad”.
… los que consideran que están confundidos es posible que sean los que la tienen más clara.
… los que creen que deben hablar más son los que deberían callarse.
…los que creen que el silencio es lo mejor son los que más podrían aportar abriendo la boca.
La lista de desajustes entre creencias propias y conveniencias puede ser larga y hasta interminable… al menos eso creo.
Entre tanta confusión, hay algunas alternativas para mejorar las condiciones para transitar el camino que nos queda por delante.
Primero, tratar de aclararnos a nosotros mismos en qué creemos.
Segundo, darnos cuenta de cómo leemos lo que nos pasa, en función de nuestras creencias.
Tercero, corregir lo que nos esté molestando, flexibilizando un poquito las creencias. Aflojar un poco los nudos de la mente, para que esté más libre.
Cuatro, recordar en todo momento que nadie tiene la verdad absoluta y que, por lo tanto, tenemos que aprender a escuchar a los otros, para entenderlos mejor y llevarnos mejor con ellos.
Si no podemos lograrlo es que tenemos que volver al segundo paso.
Creo que si completamos los cuatro pasos, estaremos ya limpiando el filtro de nuestra mente. Y quién les dice… quizá empecemos a ver lo que antes no podíamos ver porque nuestras creencias lo impedían. Comenzaremos a contemplar el resto de las realidades… como si en un cine nos expandieran la pantalla para ver partes de la película que antes no veíamos.
(Advertencia legal: el texto de este blog no implica una recomendación de acción. Las opiniones del autor de Juego de Palabras no están avaladas por la corporación Juego de Palabras. Aunque todavía no está establecida les anticipamos que la registraremos en un paraíso fiscal, al menos para demostrar que el paraíso existe, porque creemos en eso, pero estamos seguros que no es aquí, ni donde está el que esté leyendo este texto. Todos los derechos reservados. Y las obligaciones también. Salvo el derecho de autor, por eso no nos preocupamos, no creemos que nadie quiera copiar este texto. Las marcas no mencionadas no son propiedad de nadie, lo que significa que son de todos.)
10 de abril de 2009
Cinco minutos
Uno a veces piensa cada cosa… ocupa la mente en asuntos de todo tipo: de los intrascendentes y desagradables a los importantes y divertidos, pasando por todos los matices que puedan existir.
En muchos lados está escrito, por pensadores, filósofos e improvisados (como yo), que la mente es un jardín al que tenemos que cultivar, porque si le damos solamente pensamientos negativos se marchita y nos convierte en ese tipo de ser protestón y enojado que anda con esa actitud que hoy suele llamarse “tóxica”, según la moda de los libros de aeropuerto.
¿Cómo podemos hacer para darle alguito de lo mejor a nuestra mente?
Algunos sugieren la meditación, otros la fe, la poesía, el deporte, la familia, los afectos, y la lista sigue…
Yo les propongo una idea complementaria que, al menos hasta el momento, no leí en otro lado.
Se trata de jugar un rato a la máquina del tiempo. Específicamente, cinco minutos.
El concepto es así: imaginemos que podemos revivir cinco minutos de nuestra vida. Tenemos una sola oportunidad. Luego, volvemos al presente.
Para elegir hay que tener mucho cuidado, porque en realidad es una sola posibilidad de volver a experimentar exactamente lo mismo que sucedió en el pasado, por cinco minutos.
Esto, que en el cine se denomina “flash back”, en la vida real no existe, salvo que utilicemos todo el poder y la libertad de nuestra mente.
Para elegir esos cinco minutos tendremos que hacer un repaso de varios momentos en nuestra vida que podrían calificar para esa oportunidad única de volver a ser vividos.
Esos momentos que reviviremos con nuestra mente deberían ser los que más nos marcaron, nos divirtieron, nos impactaron. La lógica es tratar de identificar los más alegres y felices (ya sé, a muchos se les ocurrirán muchos momentos negativos, pero bueno, hay que tamizarlos).
En este proceso, queridos amigos, seguramente nos conectaremos con aquellos que fuimos, quienes realmente somos o siempre hemos querido ser. En definitiva, estaremos regando un poquito nuestra mente, para que se divierta un rato y sea más positiva.
Les advierto: cuando terminen el proceso de selección pueden sentir un sabor agridulce.
La nostalgia está permitida, pero les recomiendo usar la energía que les deje el proceso de repasar los recuerdos para empezar a vivir otros segmentos de cinco minutos que merezcan ser vividos dos veces.
Si empiezan ya, bien concentrados, se pueden dedicar a disfrutar el doble cada uno de los minutos felices que hay por delante, aunque sepan que no los van a tener nunca más tan pronto pasen.
Con este juego de los cinco minutos quizá podamos, todos, lograr varios efectos mágicos: mejorar nuestro jardín mental y usar el pasado para ser más felices, incrementar el disfrute de lo positivo y duplicar artificialmente el tiempo que nos queda.
22 de marzo de 2009
Elegir la ignorancia
No vengo a descubrir nada. Una vez más repito lo que alguien dijo o debió haber dicho.
Pero lo escribo por necesidad, o al menos para recordármelo y que uds. también lo tengan presente.
Los arrogantes, por el sólo hecho de ser como son, son ignorantes. No saben todo lo que no saben, ni quieren enterarse. Su ceguera las impide apreciar que hay muchos matices más allá de su verdad, que creen que es única y absoluta. Son totalmente incapaces de considerar el punto de vista del otro, porque tienen las anteojeras puestas las 24 horas del día.
Los sabios, en cambio, deciden ser ignorantes. Tienen muy en claro que esa es la manera de seguir aprendiendo. Deciden que no saben ni son los dueños de la verdad, como paso para investigar. Tratan de ver más allá de lo que creen que es correcto. Buscan ponerse en el lugar del otro, para entenderlo desde su perspectiva. Y pueden cambiar su opinión si encuentran otras que resultan enriquecedoras.
Por lo tanto, sabio no es aquel que se las “sabe a todas”, sino el que tiene el don de decidir ser ignorante, para aprender metiéndose en el pensamiento y los puntos de vistas de los otros.
Para bien o para mal, la amplia mayoría de las personas no son (somos, mejor dicho) sabios. Se trata de un grupo muy reducido. Es muy difícil encontrar a estos ignorantes voluntarios.
De los ignorantes involuntarios, en cambio, hay de sobra. Pero no todos son arrogantes.
Solamente los ignorantes que creen que se las saben a todas son arrogantes y pueden actuar como tales.
De los que por suerte se quedaron a mitad de camino hacia la arrogancia, hay dos grupos generales:
Los ignorantes que saben mucho de algunas ciencias o técnicas, pero están en cero en asuntos espirituales o sociales (para estos hay cientos de libros de inteligencia emocional). Estos son peligrosos, porque saben mucho pero no tienen sensibilidad. Con su conocimiento técnico pueden causar desastres.
La otra cara de la moneda son aquellos genios en lo social y emocional, pero ajenos a cualquier conocimiento técnico o “práctico”. Estos son los que hay que invitar siempre a los asados, para escucharlos y admirarlos. Suelen ser los que asumen la vida con más calma, porque no están en la carrera alocada de los técnicos-especialistas, que no termina nunca.
¿Cuánto tiene usted de ignorante, sabio o arrogante?
Todos podemos darnos cuenta de cuál categoría nos toca, de pleno o con matices. Lo que pasa es que para hacerlo tenemos que vernos al espejo y analizar quiénes somos. Y eso, sin dudas, es muy difícil.
Por lo tanto, muchos se alejan de la introspección, y proclaman: “a veces es mejor no saber”.
Poquitos se atreven a dar el primer paso y tratar de entenderse.
Si lo hacen y están determinados a mejorar, iniciarán su camino hacia la sabiduría.
19 de febrero de 2009
La gente y el humor
El humor es a veces como un viento loco, que cambia de dirección de un momento a otro.
Pero, en general, suele mantener ciertas tendencias a nivel individual.
Hay quienes tienen del bueno, contagian alegría y generan el antídoto ideal contra la mayoría de las situaciones que son malas en esta tierra: la risa. Hay que estar cerca de esta gente, porque son felices.
Los que tienen del malo son los que están de moda en los libros de hoy, caratulados como personas tóxicas. Son la criptonita que elimina los superpoderes de la gente que habita esta maltratada tierra.
Los que van en decadencia son los que tenían buen humor y se les está deteriorando. Van por un tobogán peligroso, implacable, del que sólo se puede salir con un salto arriesgado, pero necesario.
Quienes están en ascenso son los que transitan el proceso de cambiar la amargura por el refrescante sabor de la alegría. De vez en cuando una sonrisa, una risita, y se van acostumbrando. Para ellos, dentro de poco, estará todo bien.
El humor es una profecía autocumplida, una actitud y una prueba de nuestra identidad.
Los que están perdidos en el espacio son los que no tienen sentido del humor.
Andan por el mundo sin darse cuenta que el humor existe. No entienden ningún chiste. Y jamás hacen uno.
Por cada persona así en el mundo hay otra que la compensa, que se pasa haciendo chistes todo el tiempo. Es la que, luego del exceso, cae pesada, sobre todo, con los que tienen mal humor o van en decadencia.
Todos los estereotipos son malos. Pero que los hay, los hay.
Entonces, usted seguramente encaja en uno de estos. La pregunta es: ¿en qué grupo está?
Piénselo.
Si es feliz o está en ascenso, siga así.
Si es tóxico o está en decadencia, tómelo con soda.
Y con un poco de humor empiece a arreglar el problema.
10 de febrero de 2009
Imaginación
Desde Francia, tiempo atrás, se reclamó con fervor y con pinturas en las paredes que se debía llevar la imaginación al poder.
Caso curioso, décadas más tarde, todavía hay mucha gente que carece del poder de imaginar.
¿Se pueden imaginar eso?
Lo más probable es que los que leen este blog lo puedan entender, aunque no lo compartan.
Si todavía se aguantan estos escritos debe ser porque todavía tienen materia gris para distraer.
Deben tener capacidad de imaginación y pensar que sí se puede ser creativo, y que hay posibilidades de cambiar lo que está mal.
Que debemos convivir con lo que no está muy bien, pero no podemos cambiar.
Que podemos aprender a matizar lo que no debería ser así con lo que está bien.
Que es fundamental disfrutar lo bueno, aunque sea pequeño, efímero o sencillo.
Me imagino que pueden.
16 de enero de 2009
Ciencias
La paciencia no es una ciencia, pero debería serlo para sobrellevar la inconsciencia de algunos, que la ponen a prueba más de lo debido.
Las maneras diferentes de ver el mundo, pensar y actuar la van colmando lentamente. Pido clemencia.
Hay gente que va por la vida como si tuviera licencia para molestar. Se la deberían cancelar, por decencia.
Una irreverencia, una insolencia, a veces la complacencia o simplemente la displicencia nos obligan a jugar al tibetano para no reaccionar con demencia.
No alcanza con tener mucha sapiencia para vivir más tranquilo y feliz. Hay que tener paciencia, con frecuencia.
Agradezco si a alguien le sobra un poco y la quiere compartir. Sería una buena coincidencia.
También apreciaré al que quiera hacer un poco de docencia y explicarme cómo se consigue.
Se los pido por favor. Y con insistencia.