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10 de abril de 2010

Ser y parecer

Nos puede tomar toda la vida darnos cuenta quienes somos o queremos ser.

En el proceso de despertar o acercarnos al ideal, a veces parecemos -deliberadamente, o por error u omisión- lo que somos parcialmente, o lo que otros esperan que seamos y en realidad no somos.

En este camino confuso pueden pasar situaciones muy curiosas.

Lo auténtico puede resultarle a otros solamente una apariencia.

O el personaje puede volverse tan fuerte que eclipsa la identidad del actor.

La identidad y la imagen se mezclan, entonces el fondo y la forma se vuelven difíciles de diferenciar.

Si pasa esto último debemos ver donde está el marco del cuadro. Apreciar el contexto para reforzar o recuperar la capacidad de darnos cuenta si estamos en la tela pintada o la estamos observando.

Con suerte, decisión y firmeza, podemos lograr el privilegio de la victoria del ser sobre el parecer, y aseguramos de tener el pincel en la mano y decidir qué color, forma y estilo tiene y tendrá nuestra propia vida.

2 de diciembre de 2009

Declaraciones

No te propases, dijo el límite.

Hay que aceptar las cosas como son, dijo la rebeldía.

Mejor no darle muchas vueltas al asunto, dijo el compás.

Hay que disfrutar el momento, dijo el segundero.

Confieso que me gusta ser protagonista, dijo la rueda de auxilio.

Yo te lo cuido, dijo el dormilón.

Doy para mucho más, dijo la resta.

Hay que guiarse por los sentimientos, dijo la computadora.

Yo me adapto bien al cambio, dijo el cuadro.

En la vida hay que andar sin vueltas, dijo el planeta tierra.

Hoy me agarraste seca, dijo la luna.

Lo mejor es ser transparentes, dijo el abogado.

Nuestro principal recurso es el talento humano, dijo el gerente de personal.

La innovación es la que nos llevará adelante, dijo el taquígrafo.

Te lo tengo listo en una semana, dijo el programador.

Elegí un poquito de cada opción, dijo el publicista.

A veces me falta chispa, dijo el fósforo.

Hagamos lo que creas más conveniente, dijo el cliente.

Hoy tenemos excelentes noticias, dijo el editorial del diario.

Se me hace agua la boca, dijo el pescado.

Hay que meterle gas al asunto, dijo el electricista.

En ese tema no me especializo, dijo el consultor.

Mejor no andar haciendo exámenes, dijo el médico.

Hay que dejarse guiar por el corazón, dijo el físico.

Mejor veamos lo que es posible, dijo el idealista.

Así está bien, dijo el perfeccionista.

Esta es mi noche, dijo el sol.

No tenés nada, está todo bien, dijo el dentista.

Lo voy a pensar con la cabeza, dijo la almohada.

Estoy seguro, dijo el meteorólogo.

Te cubre todo, dijo el corredor de seguros.

Yo no me aguanto todo, dijeron el papel, el blog, el blogger, el blogspot, el Twitter, el Facebook, el Google y todos los bits que forman lo que algunos llaman la sombra digital, que nos tragan a todos, a estas palabras y al poco de sentido común o especial que queda bien escondido en algún lado bien camuflado.

20 de noviembre de 2009

Tiempos

Algunos andan apurados y quieren adelantar el futuro. Que el mañana sea hoy, llegar cuanto antes allí, aunque no sepan bien de que se trata.

En los niños se puede entender. Todavía no saben que el tiempo pasado se pierde y no se recupera jamás. En los adultos es una necedad, una imprudencia o, al menos, una impaciencia imperdonable.

Otros andan siempre en el pasado. Reviven la historia, las anécdotas, los laureles conseguidos. Piensan en lo que pudo ser y no fue, cómo habría afectado lo que hoy es y podría haber sido de otra forma. El penal mal pateado. La elección o prioridad equivocada. La palabra callada, o la que sobró.

En los niños no se da con frecuencia, salvo que se trate de promesas no honradas de los padres. En los adultos, en cambio, la nostalgia, el rencor y otros sentimientos agridulces se empecinan y confabulan para traer el ayer al hoy. Una y otra vez.

Los más sabios saben que el presente es la única realidad absoluta. No traiciona con promesas para el futuro ni recuerdos del pasado.

La única garantía de felicidad está en el momento actual. La energía existente probablemente no esté mañana, o quizas en minutos.

Todavía a la vida no le han encontrado el manual o el control remoto. Entonces, hay que olvidarse del "rewind" y del "fast forward".

La única opción es disfrutar el momento del "play", aprovechar totalmente el recorrido, sabiendo que si bien no podemos alterar los tiempos, indefectiblemente el "stop" llegará en algún momento en el que el futuro sea presente, y juntos desaparezcan para siempre.

17 de septiembre de 2009

El gris del medio

Hay algunos que están siempre en la jugada.

Otros acompañan. A veces se meten en la discusión o solamente siguen por ahí cerquita, por las dudas haga falta su participación.

Están los que siempre tienen algo que opinar.

Y los que reflexionan con calma sobre lo que otros dicen.

Algunos viven en la efervescencia del protagonismo.

Otros prefieren actuar a predicar, y privilegian un perfil bajo.

Mientras algunos están dispuestos a calzarse los guantes en cualquier momento y salirle al cruce al primero que pase por ahí, otros tratan de tomar distancia y dejar que la película avance un poco.

Los combativos afectos al estrellato piensan que para que algo se arregle tienen que meterse en el asunto.

Los idealistas moderados tienen algo de fe en el tiempo y las circunstancias, que van acomodando o diluyendo algunos líos.

Como en la mayoría de los polos opuestos de la vida, ningún extremo es aconsejable. Por eso viene bien que entre los unos y los otros haya muchos matices.
Creo que justo el gris del medio es la mejor de las variantes.


Allí se ubican los que tienen la sabiduría de elegir las batallas apropiadas.

Pueden determinar con gran precisión cuándo son llamados a ocupar el centro de la escena, o cuándo deben esperar a que el río recupere, solito, su propio cauce.

25 de mayo de 2009

Nueva Babel

En estos días he visto en varios territorios digitales –incluyendo blogs y redes virtuales- de amigos y conocidos que ocurre con frecuencia la mezcla que habitualmente se recomienda evitar en los asados y en las fiestas: distintos tipos y grupos de gente, todos en el mismo lugar.

A veces uno experimenta, pero los códigos no se comparten, y los resultados pueden ser peligrosos.

Generalmente los amigos o compañeros (claramente no es lo mismo) del barrio, de la escuela, del club, del trabajo y de distintos lugares de convivencia no compaginan correctamente. Ni que hablar si a la diferencia del espacio y el motivo de la relación se le suma la brecha contundente del tiempo.... Ya les ha pasado o les va a pasar. En algún punto se cruzan gente de épocas y situaciones diferentes en sus páginas.

Eso no está ni bien ni mal, al fin y al cabo una página en un sitio virtual no es un asado ni una fiesta. Alguien entra y si no le gusta o le interesa lo que ve, se va.

Todo el texto anterior en realidad es el contexto para lo que les quiero contar: hoy vi por primera vez alguien a quien se le ha convertido su página de Facebook en una verdadera Babel. Tres idiomas en la misma página, con gente que realmente no tiene absolutamente nada que ver entre sí. Esa desubicación digital me incluye a mi, claro está.

Todos conviven sin problemas aparentes.

Releo lo anterior y pienso en algunos comentarios que he hecho a amigos de sus blogs, y que me han hecho a mi: hay que escribir menos… los textos son muy largos.

Pero constato que me cuesta escupir conceptos e ideas sin tratar de darles alguna vuelta más o menos lógica.

Quizá el juego está en el contexto más que en el texto.

Por lo tanto, a falta de mejor explicación, creo que defino mi identidad digital por oposición: todavía no estoy listo para la generación Twitter. Ahí mi hallazgo hubiera sido expresado más o menos así: “Acabo de ver un sitio de Facebook que parece Babel. Hay comentarios y cadenas de diálogos en tres idiomas”.

En Córdoba diríamos: ¿y de ahí? (es decir, ¿y con eso qué?).

No estoy listo y quizá no lo esté nunca para el Twitter. Es muy breve. Se puede quedar en lo superficial. Es un exhibicionismo de más corto alcance, digamos, donde la frecuencia reemplaza al contenido. Y además, aumenta la “persecuta”. ¿Me siguen?

Por ahora me quedo con el contexto... y cuando no tenga más que decir o simplemente quiera que la gente me siga los pasos, largo con Twitter.

17 de mayo de 2009

El filtro de las creencias

Hay quienes dicen ser escépticos o incrédulos, pero hasta ellos creen en algo, y es en la propia definición de sí mismos.

Ellos también caen en la trampa de las creencias.

Como si fuera un colador, nuestra mente tamiza la realidad con el filtro de las creencias.

Cualquier situación externa puede ser percibida de múltiples formas. Cada persona, según el filtro que utilice, podrá argumentar que esa situación es de la manera que más le conviene para reafirmar sus creencias.

Si el tiro pegó en el palo será por culpa de la impericia o la mala suerte, según si uno es racionalista hipercrítico o cabulero, de esos que cruza los dedos para que un penal sea gol, o hace un cuernito para alejar el peligro en el área propia.

Cada uno ve la vida como sus creencias se lo permiten. Ve lo que puede, entiende lo que quiere entender, aunque no se de cuenta de cómo todo lo que percibe lo hace de manera distorsionada.

Esta influencia de las creencias en la forma de ver el mundo y cada situación en particular es lo que hace sumamente difícil que dos personas que tienen creencias muy diferentes se pongan de acuerdo en la lectura de la realidad.

Lo mismo que está ahí afuera es blanco para unos, negro para otros y gris para terceros.

Dicho de otra forma: es muy difícil que varios se pongan de acuerdo en interpretar lo que pasa si vienen desde mundos y creencias diferentes.

A esta confusión sobre lo que “está afuera” se suman los enredos internos que todos tenemos con nosotros mismos.

A veces ni sabemos en qué creemos. O pensamos en algo y estamos totalmente equivocados.

Hagan un repaso de ustedes mismos, amigos y conocidos, y podrán comprobar que muchas veces pasa que…

… los que se creen vivos son en realidad unos giles.
… los que creen que se las saben a todas en realidad no tienen idea de nada.
… los que piensan que tienen la única verdad, no se dan cuenta que las verdades son varias y depende del filtro con que se mire la vida para determinar cuál es “su verdad”.
… los que consideran que están confundidos es posible que sean los que la tienen más clara.
… los que creen que deben hablar más son los que deberían callarse.
…los que creen que el silencio es lo mejor son los que más podrían aportar abriendo la boca.

La lista de desajustes entre creencias propias y conveniencias puede ser larga y hasta interminable… al menos eso creo.

Entre tanta confusión, hay algunas alternativas para mejorar las condiciones para transitar el camino que nos queda por delante.

Primero, tratar de aclararnos a nosotros mismos en qué creemos.

Segundo, darnos cuenta de cómo leemos lo que nos pasa, en función de nuestras creencias.

Tercero, corregir lo que nos esté molestando, flexibilizando un poquito las creencias. Aflojar un poco los nudos de la mente, para que esté más libre.

Cuatro, recordar en todo momento que nadie tiene la verdad absoluta y que, por lo tanto, tenemos que aprender a escuchar a los otros, para entenderlos mejor y llevarnos mejor con ellos.

Si no podemos lograrlo es que tenemos que volver al segundo paso.

Creo que si completamos los cuatro pasos, estaremos ya limpiando el filtro de nuestra mente. Y quién les dice… quizá empecemos a ver lo que antes no podíamos ver porque nuestras creencias lo impedían. Comenzaremos a contemplar el resto de las realidades… como si en un cine nos expandieran la pantalla para ver partes de la película que antes no veíamos.

(Advertencia legal: el texto de este blog no implica una recomendación de acción. Las opiniones del autor de Juego de Palabras no están avaladas por la corporación Juego de Palabras. Aunque todavía no está establecida les anticipamos que la registraremos en un paraíso fiscal, al menos para demostrar que el paraíso existe, porque creemos en eso, pero estamos seguros que no es aquí, ni donde está el que esté leyendo este texto. Todos los derechos reservados. Y las obligaciones también. Salvo el derecho de autor, por eso no nos preocupamos, no creemos que nadie quiera copiar este texto. Las marcas no mencionadas no son propiedad de nadie, lo que significa que son de todos.)

22 de marzo de 2009

Elegir la ignorancia

No vengo a descubrir nada. Una vez más repito lo que alguien dijo o debió haber dicho.

Pero lo escribo por necesidad, o al menos para recordármelo y que uds. también lo tengan presente.

Los arrogantes, por el sólo hecho de ser como son, son ignorantes. No saben todo lo que no saben, ni quieren enterarse. Su ceguera las impide apreciar que hay muchos matices más allá de su verdad, que creen que es única y absoluta. Son totalmente incapaces de considerar el punto de vista del otro, porque tienen las anteojeras puestas las 24 horas del día.

Los sabios, en cambio, deciden ser ignorantes. Tienen muy en claro que esa es la manera de seguir aprendiendo. Deciden que no saben ni son los dueños de la verdad, como paso para investigar. Tratan de ver más allá de lo que creen que es correcto. Buscan ponerse en el lugar del otro, para entenderlo desde su perspectiva. Y pueden cambiar su opinión si encuentran otras que resultan enriquecedoras.

Por lo tanto, sabio no es aquel que se las “sabe a todas”, sino el que tiene el don de decidir ser ignorante, para aprender metiéndose en el pensamiento y los puntos de vistas de los otros.

Para bien o para mal, la amplia mayoría de las personas no son (somos, mejor dicho) sabios. Se trata de un grupo muy reducido. Es muy difícil encontrar a estos ignorantes voluntarios.

De los ignorantes involuntarios, en cambio, hay de sobra. Pero no todos son arrogantes.

Solamente los ignorantes que creen que se las saben a todas son arrogantes y pueden actuar como tales.

De los que por suerte se quedaron a mitad de camino hacia la arrogancia, hay dos grupos generales:

Los ignorantes que saben mucho de algunas ciencias o técnicas, pero están en cero en asuntos espirituales o sociales (para estos hay cientos de libros de inteligencia emocional). Estos son peligrosos, porque saben mucho pero no tienen sensibilidad. Con su conocimiento técnico pueden causar desastres.

La otra cara de la moneda son aquellos genios en lo social y emocional, pero ajenos a cualquier conocimiento técnico o “práctico”. Estos son los que hay que invitar siempre a los asados, para escucharlos y admirarlos. Suelen ser los que asumen la vida con más calma, porque no están en la carrera alocada de los técnicos-especialistas, que no termina nunca.

¿Cuánto tiene usted de ignorante, sabio o arrogante?

Todos podemos darnos cuenta de cuál categoría nos toca, de pleno o con matices. Lo que pasa es que para hacerlo tenemos que vernos al espejo y analizar quiénes somos. Y eso, sin dudas, es muy difícil.

Por lo tanto, muchos se alejan de la introspección, y proclaman: “a veces es mejor no saber”.

Poquitos se atreven a dar el primer paso y tratar de entenderse.

Si lo hacen y están determinados a mejorar, iniciarán su camino hacia la sabiduría.

19 de febrero de 2009

La gente y el humor

El humor es a veces como un viento loco, que cambia de dirección de un momento a otro.

Pero, en general, suele mantener ciertas tendencias a nivel individual.

Hay quienes tienen del bueno, contagian alegría y generan el antídoto ideal contra la mayoría de las situaciones que son malas en esta tierra: la risa. Hay que estar cerca de esta gente, porque son felices.

Los que tienen del malo son los que están de moda en los libros de hoy, caratulados como personas tóxicas. Son la criptonita que elimina los superpoderes de la gente que habita esta maltratada tierra.

Los que van en decadencia son los que tenían buen humor y se les está deteriorando. Van por un tobogán peligroso, implacable, del que sólo se puede salir con un salto arriesgado, pero necesario.

Quienes están en ascenso son los que transitan el proceso de cambiar la amargura por el refrescante sabor de la alegría. De vez en cuando una sonrisa, una risita, y se van acostumbrando. Para ellos, dentro de poco, estará todo bien.

El humor es una profecía autocumplida, una actitud y una prueba de nuestra identidad.

Los que están perdidos en el espacio son los que no tienen sentido del humor.

Andan por el mundo sin darse cuenta que el humor existe. No entienden ningún chiste. Y jamás hacen uno.

Por cada persona así en el mundo hay otra que la compensa, que se pasa haciendo chistes todo el tiempo. Es la que, luego del exceso, cae pesada, sobre todo, con los que tienen mal humor o van en decadencia.

Todos los estereotipos son malos. Pero que los hay, los hay.

Entonces, usted seguramente encaja en uno de estos. La pregunta es: ¿en qué grupo está?

Piénselo.

Si es feliz o está en ascenso, siga así.

Si es tóxico o está en decadencia, tómelo con soda.

Y con un poco de humor empiece a arreglar el problema.

16 de enero de 2009

Ciencias

La paciencia no es una ciencia, pero debería serlo para sobrellevar la inconsciencia de algunos, que la ponen a prueba más de lo debido.

Las maneras diferentes de ver el mundo, pensar y actuar la van colmando lentamente. Pido clemencia.

Hay gente que va por la vida como si tuviera licencia para molestar. Se la deberían cancelar, por decencia.

Una irreverencia, una insolencia, a veces la complacencia o simplemente la displicencia nos obligan a jugar al tibetano para no reaccionar con demencia.

No alcanza con tener mucha sapiencia para vivir más tranquilo y feliz. Hay que tener paciencia, con frecuencia.

Agradezco si a alguien le sobra un poco y la quiere compartir. Sería una buena coincidencia.

También apreciaré al que quiera hacer un poco de docencia y explicarme cómo se consigue.

Se los pido por favor. Y con insistencia.

17 de diciembre de 2008

Realidad(es)

Es difícil entender que vemos solamente una parte de la realidad.

La realidad siempre es mucho más de lo que percibimos y creemos. Pero nos tiene que caer la ficha para comprenderlo.

A veces la realidad es un balde de agua fría. Cuesta aceptarla.

Según como la querramos y la podamos ver y decifrar, la entenderemos más o menos.

Escuchemos a dos o tres personas en cualquier lugar y, luego de un rato de conversación, comprobaremos que hay muchas realidades.

Hay personas, ciudades y hasta países para quienes la realidad es totalmente diferente.

A quienes creen que todos los autos vienen en contramano, les tengo una noticia: es muy probable que estén equivocados, y que se estén perdiendo la gran oportunidad de entender lo que está pasando. No se dan cuenta que ven "otra" realidad.

Y a quienes ven todo de un solo color, ya sea rosa, negro o verde, les recomiendo cambiar de lentes, sacarse las anteojeras o simplemente preguntar a otros qué ven. Se van a sorprender.

En realidad, cuando creen que entienden algo con gran precisión, lo más probable es que estén totalmente equivocados.

Por ahora los dejo, intentaré ver un poco más que antes, hablar con los que ven otras partes del "afuera" y con los que perciben los distintos matices.

Les sugiero intentar lo mismo

10 de diciembre de 2008

Decir y creer

Algunos dicen lo que creen todo el tiempo. Son transparentes, o impulsivos.

Otros dicen lo que creen a veces. Son reservados, calculadores, especuladores. Están en el bando de los fríos y racionales.

Otros no dicen lo que creen nunca. Pueden ser tímidos, hipócritas o malintencionados.

Algunos creen que dicen lo que creen. Y nadie los entiende. Se autoengañan.

Otros creen que no dicen lo que dicen. No se escuchan nunca.

Mientras los que se tienen fe creen en lo que dicen, los incrédulos no creen en lo que dicen, y generalmente no creen en nadie.

Los optimistas creen que todo va a estar bien.

Los pesimistas no creen en los optimistas.

Los optimistas creen que los pesimistas deberían cambiar.

Y los pesimistas no creen en que los optimistas puedan cambiar.

Yo creo que creo en lo que escribí en este texto, porque creo que dije varias cosas, sin revelar lo que realmente creo.

Entonces, por ahora no sabrán si creo en los optimistas o los pesimistas, los impulsivos o los racionales.

Pueden quedarse con la duda, algún día les contaré si creo en algunos, en todos o en nadie.

13 de agosto de 2008

Derechos retorcidos y ojos que no ven

En el mundo súper recontra (y hasta excesivamente) conectado de hoy, la información está al alcance del teclado y del control remoto desde casi cualquier rincón del planeta. Si hiciéramos un listado de notas y comentarios sobre este tema, la cantidad de links a incluir haría reventar este blog y quizá hasta la misma Internet.

En este mismo mundo, durante este mes, se disputan la serie de juegos deportivos que mayor atención concita globalmente. Miles de millones de espectadores atentos a lo que empezó en Grecia milenios atrás, pero con la pasión que solamente el marketing, los negocios, los medios y el chauvinismo pueden propulsar. En cierta forma me da vergüenza mencionar a los juegos, para no ser uno más que escribe sobre ellos.

Cuando todos quieren estar pegados a la pantalla, la ley del dinero se interpone y crea una red de derechos de transmisión que es tan compleja como la misma telaraña informática mundial. Entonces uno puede quedar enredado y sin salida, o técnicamente sin “entrada” a los juegos.

Esto me ha pasado hoy (desde mañana podría reemplazar el hoy por “algún día”), en una bella isla del Caribe, y seguramente le ha sucedido a miles de argentinos en cualquier lugar de la tierra que esté más allá de los límites de Argentina desde el que hayan querido ver a una de las pocas esperanzas doradas albicelestes: un grupo de tipos, algunos millonarios, tratando de tirar una pared, un pase largo, una esperanza que termine en el fondo de la red.

Cuando uno está afuera de su reducto nacional, ver a su país competir en los juegos de los anillos por TV es casi imposible. Y con tantos derechos retorcidos, ni siquiera puede hacerlo por Internet. O quizá si pueda hacerlo por la Web, si fuera el mejor hacker del mundo, en cuyo caso seguramente se habría agenciado los fondos necesarios para ir hasta Pekín, Beijing o como se llame la ciudad donde muchos querrían estar en este momento.

A la paradoja de la desinformación en tiempos de sobre-información, de la pérdida del instante en un momento en que el ahora es el único rey indiscutido, se agrega otra contundente realidad: los ojos que no ven dejan al corazón sentido, enojado, frustrado. No importa el resultado ni la calidad de lo que no pudieron registrar por sí mismos. La bronca la pueden entender todos los que disfrutan de los deportes (jugando o mirando), porque saben que el corazón late a full en vivo y en directo, aunque pueda ser feliz o desdichado en diferido.

6 de agosto de 2008

Números

Es hora de aclararlo. A uno no le gustan los números.

Porque cada dos por tres generan un problema.

Buscamos por los cuatro puntos cardinales y la solución no aparece.

En ese proceso, siempre hay quien le busca la quinta pata al gato.

Y aunque esperemos que todo se aclare gracias a un supuesto sexto sentido, con frecuencia guiarse por la intuición nos mete en un lío de la gran siete.

Quizá la única salida es hacer como si fuéramos un ocho carrilero*, intentar la heroica casi con los ojos cerrados, apilando rivales de arco a arco.

Y, con el último aliento, tirar un centro para que la emboqueel número nueve que todos queremos tener en nuestro equipo, y que generalmente no existe o juega para el rival.

Así, la historia terminaría diez puntos en la ficción.

Pero lo más factible es que, en la realidad, sigamos en el medio de un lío que nos recuerde que siempre las letras dan más opciones que los números, aunque algunos piensen que sean menos que ellos.

* no-futboleros abstenerse, o consultar: http://www.elfutbolin.com/diccionario-de-futbol/carrilero Otra opción es preguntarle a cualquier argentino que tengan cerca, pero la respuesta puede durar entre cinco minutos y ocho horas.

12 de junio de 2008

Intenciones y aventuras comunicacionales

A veces uno se queda así: sin palabras. Una situación o momento son tan fuertes que no hay nada para decir. O no se nos ocurre qué y cómo decir lo que pensamos.

Otras veces, uno quiere hablar, contarle a alguien lo que le acaba de pasar, lo que piensa o lo que opina.

En otras ocasiones, uno solamente quiere el silencio.

Pero al lado, de frente, o del otro lado, siempre hay alguien más.

Es muy difícil que esa otra persona esté en un mismo momento en sincronía total de intención comunicativa.

Entonces, surgen las aventuras comunicacionales:

  1. El desafío de la expresión, o “no sé por dónde empezar”: uno no sabe que decir… y el otro quiere escuchar.
  2. La situación ideal, de empatía y diálogo: uno quiere contar… y el otro quiere escuchar.
  3. La semilla de la desconfianza: uno no quiere hablar… y el otro quiere escuchar.
  4. El estado desconcertante: uno no sabe qué decir… y el otro no quiere escuchar.
  5. La famosa indiferencia: uno quiere contar… y el otro no quiere escuchar.
  6. El estado de silencio que se corta con la tijera: uno no quiere hablar… y el otro no quiere escuchar.

De seis situaciones básicas, solamente una es positiva e ideal.

Esa es una gran noticia… para comunicadores y psicólogos. Ambos tienen mucho por hacer.

Lo triste es que la comunicación y la psicología son ciencias sociales. Si fueran exactas e inapelables como las naturales, todos los comunicadores y los psicólogos serían millonarios.

Pero cada uno es lo que es, y cada cosa es lo que es.

Por eso los comunicadores debemos afrontar el desafío de la expresión, combatir la desconfianza, la indiferencia y el silencio. Y de tanto hacerlo, corremos riesgo de quedar desconcertados.

10 de junio de 2008

Pensar, hablar, actuar

Algunos intentan ganarse el pan pensando para que otros hablen.

Otros no piensan antes de hablar. ¡Y se arma cada lío!

Están los que hablan como si nunca hubieran pensado. Y los que cada vez que hablan demuestran que pensaron bastante bien lo que dijeron.

Algunos piensan todo el tiempo y no se deciden a hablar nunca.

Otros piensan muy poco y hablan mucho.

Están los que casi no piensan, pero tampoco hablan.

Y los que piensan mucho y hablan un montón.

Algunos se dedican a pensar sobre lo que otros piensan, mientras otros piensan sobre lo que otros hablan.

Por su parte, están los que hablan sobre lo que otros piensan.

Alguien habla y piensa que lo que dijo es lo que piensa, y que los otros entendieron lo que dijo, y lo que piensa. Y está equivocado. Pero nadie se lo dice, y si lo hace, quizá el primero no pueda o no quiera entender lo que le dicen.

Y en la vereda del frente hay alguien que dice algo, piensa que nadie lo entiende, y resulta que fue el más claro de todos.

Mientras muchos piensan y dejan de pensar, y otros hablan y dejan de hablar para interrumpir, hay unos pocos que se dedican a hacer.

Quizá lo que hacen lo piensan bien. O no. Simplemente improvisan.

Pueden hacer lo que hacen para hablar de eso. O simplemente para hacerlo, para ellos mismos.

31 de mayo de 2008

Las cosas y el lugar de la nostalgia

Quienes me conocen saben que hay un concepto comunicacional que me gusta mucho, y es el de la proxemia. Se refiere a la comunicación no verbal según el manejo y la utilización de los espacios.

La ubicación en el espacio de las personas y de los objetos constituye, en sí, un mensaje.

El ejemplo clásico es el televisor en la “cabecera de la mesa”, ocupando el lugar tradicional del líder de la familia.

Es interesante tener en cuenta que la rotación de los objetos en los espacios en los que estamos con mayor frecuencia o donde pasamos más tiempo puede generar un cambio significativo.

Siguiendo lineamientos del feng shui o simplemente acomodando las cosas como nos plazca y parezca mejor, podemos notar esos cambios.

Les propongo un ejercicio: busquen algún objeto que esté relegado en su casa, en algún rincón o cajón, y pónganlo en un lugar más importante. Por ejemplo, saquen algunas de esas monedas que sobraron y quedaron “de colección” de un viaje a otro país, pónganlas en una cajita transparente y empiecen a usar eso como pisapapeles para las facturas por pagar. Esos objetos inanimados cobrarán (bueno, curiosamente deberían pagar) un lugar y una importancia diferentes. Pasarán de la ignorancia al centro de la escena.

Cambien de lugar las sillas de la casa, o los sillones. Los veladores, la mesa de luz. Ese cuadrito que está en un lugar que no se ve, que vaya a la cocina o al comedor.

El libro que más les haya gustado, pónganlo en la mesita de luz, para verlo siempre y recordar qué bien les hizo.

Y, por último, empiecen a rotar un poquito las fotos de los portarretratos y de las billeteras.

Hagan la prueba, y después me cuentan los resultados…

Ah, una idea más para quienes la posmodernidad sea algo viejo y no tengan fotos en papel en portarretratos o billeteras: si solamente tienen esos nuevos dispositivos electrónicos que muestran cientos de fotografías por día, o ven las fotografías en su celular, busquen ya mismo alguna foto vieja de sus seres queridos, o impriman una.

¿Ya la tienen? Ahora la colocan en la billetera, o en la cartera. Se la van a topar más seguido que nunca. Tres o cuatro veces al día: gran estrategia para levantar el nivel de nostalgia.

Y si con verla ya sienten alguito agridulce, le pueden dar un toque final al momento escuchando una canción. Les propongo tres que pueden disfrutar en Youtube:

Chega de saudade
Tú fotografía
Aún sigo cantando

Cuando se les pase el nosequé, busquen inmediatamente en persona o por teléfono a las personas que quieren y se lo dicen, antes que pasen a estar solamente en una foto y en el corazón.

Y luego, cuando la situación decante, nos cuentan a los que frecuentamos Juego de Palabras qué otras canciones podemos escuchar.

22 de mayo de 2008

Justo en el medio

A veces uno anda medio cansado, o distraído, y justo aparecen las ideas. En el medio de la nada. Cuando la mente está a media máquina, suelta el ingenio.


Otras veces, en el medio de algo importante, surge una idea “medio buena” (expresión que en Córdoba, Argentina, significa una idea que, madurada, puede llegar a ser buena).


La idea de hoy está precisamente en el medio.


El medio es una palabra que no está ahí, haciendo equilibrio.


El equilibro que no suele encontrarse en los medios, que a veces son medio medios (en Córdoba = regulares). O que son lo que son, por eso tienen que exagerar o buscar la realidad más cruda o aguda y, por lo tanto, ubicarse más cerca de los extremos que del medio. Por eso, tanto periodistas tienden a ser extremistas.


En el fútbol suele decirse que el equipo que mejor se para en el medio tiene más chances de dominar un partido. Para los que somos hinchas de equipos que en el fondo dan lástima, y en la delantera son una lágrima, sabemos que aquello del medio no es ninguna garantía.


Mejor me alejo del deporte más popular porque si me quedo en el medio, como mi equipo anda medio mal, como siempre, me expongo a que mis compatriotas me carguen sin piedad. Antes que eso, prefiero estar por un rato en medio de la nada para evitar las gastadas.


Me voy para un costado, para decir que en cualquier profesión, estar contactados con la “gente del medio” es importante. Esta expresión es interesante, porque uno tendería a pensar que los que se destacan no están en el medio, sino bien a los costados, diferenciándose.


El problema se da en el mundo de la política, donde a la gente del medio se le llama entorno. Y el entorno está alrededor… lo cual crea un problema de ubicación, y entonces quedamos desubicados.


Punto.


Ya se acerca la media noche y la idea se quedó ahí, medio perdida.


Silencio.


Si estabas medio aburrido y leíste esto por casualidad, seguí participando.


Si llegaste medio de casualidad, y te aburrió, es una pena, ya tendrás más suerte. A medio mundo le pasó algo similar en algún momento.


El lado bueno del asunto es que aunque estés justo en el medio de este blog, la salida es fácil. Hacé click en este link, mirá esto y listo: te vas a otro mundo, otro tiempo, y desde el medio de la escena podrás ver qué pasa…

21 de febrero de 2008

A pedido: caer en la trampa

El gran problema de la comunicación ha sido siempre, es ahora y será para el resto de los días la retroalimentación.

Cuando uno escribe o realiza cualquier acto de expresión sin un fin determinado, o con un fin diferente al de obtener ciertas respuestas y sugerencias, puede verse en la difícil situación en la que estuve hoy.

Hace casi 20 años que tengo este punto de vista: el problema es el diálogo, porque lo que la otra parte diga puede afectar irremediablemente el curso de las palabras, e incluso hasta de la acción. Eso es sumamente peligroso, amigos.

Un monólogo, en el mejor de los casos en privado, no tiene interrupciones ni se ve afectado por las opiniones y comentarios de terceros. Fluye como uno quiere. Es casi la expresión de la libertad más absoluta. Es el estado más puro de la falta de diálogo.

La retroalimentación es un flagelo aterrador porque siempre genera inconvenientes, como el de hoy, día en que he caído en la trampa de la comunicación. Peor aún, para que la paradoja sea mayúscula, he sido objeto de un pedido de alguien que se dedica a las relaciones públicas (como yo, para los que no saben cómo me gano el pan y las empanadas).

Esa persona me ha solicitado que escriba sobre un tema en particular. Es decir, fue activada una modalidad no planificada para este blog: el formato “on demand” o “a pedido”.

Desde el fondo de mi conciencia surge una frase de ética elemental que se salvó de la negrura general de la misma: “no hagas lo que no te gustaría que te hagan”.

Eso lo aprendí hace más de 16 años en mi casa. El 33% de los lectores de este blog (si mis dos hermanas lo siguen leyendo) puede corroborar este comentario.

Por lo tanto, debo suprimir la tentación de apelar a las respuestas fáciles, aunque lacerantes:

1. Te agradezco la sugerencia, pero ese tema no coincide con la línea editorial de este blog (no importa que sea desconocida para la mayoría de la gente, o incluso para mi mismo)

2. Es un excelente pedido, se lo voy a presentar a mi editor (no tengo, ni tendré, ni merezco tener uno, aunque me ayuda gente muy buena que me avisa cuando se me escapan errores de ortografía, pero no me escracha destacándolos en la sección de comentarios).

3. Lamento decirte que no aceptamos sugerencias de temas. (¿Por qué no?, ¿acaso no puede ser parte de un juego de palabras también responder al inicio del desafío temático?)

4. Ya cerré el blog de hoy y no tengo espacio. (Lo que sobre en un blog es espacio).

5. Veré si lo puedo incluir. (La acción clásica es evitar la publicación y esperar a que la persona que solicitó el tema se olvide del asunto o no persevere. Esto es imposible, quien me hizo el pedido me ve casi todos los días en el mundo real, y ahora me lee en el virtual, entonces hace que esta estrategia sea infructuosa).

Si no puedo negarme, sucede un efecto gramatical y matemático ineluctable: dos negaciones afirman. Ahí está el detalle casualmente… tengo que escribir sobre el tema que me han solicitado incluir en mi blog, lo que significa que transgreda a sus tres principios editoriales fundacionales, que son evitar escribir sobre lo siguiente: las cosas que me pasan o que hago, la gente que conozco, y las relaciones públicas.

Traiciono mi intención para respetar mi ética personal, por eso escribo sobre lo que me solicitaron: mi opinión acerca de qué significa prestar atención al detalle:

1. Es parte de la forma de ser de una persona. Es el interés de que no se nos pase nada, es sentirse responsable y estar atentos a todo el 100% todo el tiempo. Refleja el respeto a los otros y, por lo tanto, a nosotros mismos (en este momento necesitaría una tecnología que inicie música de violines en la PC a quien acaba de leer la palabra “mismos”).

2. Es generalmente algo que se trae de nacimiento o se aprende tempranito en la vida. Con los despistados, negligentes, arrebatados, desprolijos y desorganizados hay poca esperanza. Pero aunque sea escaza, mejor no perderla. Y tiene que aparecer un redentor que los encause.

3. Es un don que debe usarse en su justo grado y dimensión. El exceso desmesurado de atención al detalle bordea con la obsesión y puede tener un efecto paralítico: de tanto revisar nos pasamos el tiempo evaluando y corrigiendo, revisando y mejorando.

Creo que he cumplido con lo justo. No me sobra nada. Y “sin querer queriendo” utilicé otras técnicas que los medios ponen en práctica habitualmente y perturban la vida de los relacionistas públicos: tocar el tema, escribir un poquitito al último de un artículo larguísimo y por lo tanto donde casi nadie lee; no poner ni siquiera el nombre de quien hizo el pedido; incluir un título que no tiene nada que ver con el tema.

Entonces, a final de cuentas no quedé bien conmigo, porque me traicioné, ni con la otra persona, a quien es probable que no le sirva este texto. Otro caso de dos negaciones, así que por definición gramatical y matemática, este final es absolutamente positivo.

17 de febrero de 2008

Dicho y hecho

¿Cuánto es el trecho del dicho al hecho?

En algunos casos ese trecho es muy largo… quien se dedica a decir lo que hay que hacer, indicar por dónde ir y cómo proceder, declarar lo que hay que realizar y lo que no, pero nunca implementa lo que dice, generalmente pierde su credibilidad. Puede ser muy sabio en sus consejos, pero, al no aplicarlos, les quita su valor... al fin y al cabo, ¿por qué no hace lo que dice?

En otros casos, el trecho del dicho al hecho es bien cortito… Quien hace lo que dice suele ser respetado por consecuente, congruente. Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo de su forma de pensar y de su comportamiento, pero al menos comprueba que sigue los dictados de su propio librito. Genera cierta admiración por hacer lo que dice que se debe hacer. Pero solamente gana el respeto de los demás si su forma de pensar y de actuar es la correcta.

Yo prefiero a los que entran en una tercera categoría: los que no tienen trecho que cubrir del dicho al hecho, porque hacen sin andar predicando las razones o motivos de sus comportamientos. No andan dando consejos por todas partes, pero actúan de la manera correcta. No son opinadores de todo, pero si alguien les pregunta algo, tratan de guiar al preguntón a que encuentre su propia respuesta, de la mejor manera posible.

Para estos últimos, los riesgos de perder credibilidad son mínimos, y nadie los considerará desubicados por andar dando consejos por todos lados, sin que se les haya preguntado nada. La magia está en encontrar este tipo de gente, y saber qué y cuando preguntarles para aprovechar su sabiduría.

Y usted, ¿en qué grupo está?

11 de febrero de 2008

Llamar la atención

Para llamar la atención, una persona debe destacarse por algo, contar con alguna característica especial, diferente, distinta. Ser o tener definitivamente más, o menos, de cierto atributo físico o metafísico.

Si no logra entrar en esa categoría, también puede llamar la atención a otros, pero en el otro sentido de la expresión. Porque "llamar la atención" también significa retar, regañar, indicarle a un tercero lo que está o hizo mal, o lo que se olvidó de hacer.

No debe llamar la atención que haya personas que sean especialistas en llamar la atención, en los dos sentidos posibles de esta combinación de palabras.

En cualquiera de los dos casos, quienes perciben a quien llama la atención, o quienes reciben el llamado de atención, deben considerar seriamente llamarse a silencio. No vaya a ser que digan algo que no corresponda, y se encienda la llama de la discordia.

Con tantos llamados, algunos no correspondidos, me acordé de una publicidad argentina, vieja, pero exitosísima: la de la "llama que llama". ¿Se acuerdan? Aquí va un link para despertarles la memoria: http://www.youtube.com/watch?v=Ge_dZT75CII